Bergantiñana

Autor:

Fernando Álvarez Sotomayor

Procedencia:

Félix Ortiz de Taranco 1918-1943

Fecha:

1915-1918

Biografía:

(1875-1960)

Técnica:

Óleo sobre tela, 72 x 61 cm (sin marco), 96,5 x 82 cm (con marco)

Ingresos:

MIPPS,Montevideo,1943-1966; MNBA,Montevideo, 1966-1972, Muse de Artes Decorativas,Montevideo 1972.

Inscripción:

Sin firma

Exhibición:

Academia Nacional de Letra, Montevideo 1991

MÁS INFORMACIÓN

sobre la obra.

Inventario: PT 167
Tipo de obra: Pintura

Descripción:

Intereso en adquirir una ó dos obras de Ud para el interior de mi casa!” (Archivo Ortiz de Tarango, 69), así inicia la carta enviada por Félix Ortiz de Taranco (1866-1940), al pintor español Fernando Álvarez de Sotomayor (1875-1960) el 21 de junio de 1918. La solicitud iba aparejada a otros encargos a artistas españoles, como Mariano Benlliure (1862-1947) entonces director del Museo de Arte Moderno de Madrid–, a quien compra la colosal escultura Bailadora (o Danza andaluza); Ignacio Zuloaga (1870-1945) y Joaquín Sorolla (1863-1923). Aunque en los archivos se da cuenta que un año después, el 9 de junio de 1919, arriban las obras de estos artistas, no se encuentran referencias explícitas de la llegada de la Bergantiñana, adquirida finalmente por 4.000 pesetas en diciembre de 1918[1].

La presencia española en la colección Taranco revela un contexto particularmente interesante en la circulación de obras de arte y de los propios artistas, sostenida en redes trasatlánticas durante este periodo. Por una parte, el viaje desde el cono sur a Europa en el que intelectuales de diversa índole crearon un tejido de reciprocidad de ideas, obras y debates a una escala subcontinental. Y por otra, la migración de colonias españolas en diversos territorios de la región, como el propio Félix Ortiz de Taranco, que potenció también el intercambio comercial de obras de arte, junto a la creación de un circuito de exposiciones de autores como Zuloaga, Fortuny, Zubiaurre, Sorolla, entre otros.

A ello, se suma la política hispanoamericanista iniciada por España en este período y que cobra relevancia con la presencia española en las exposiciones de los centenarios locales, precisamente cuando las jóvenes naciones instalaban en sus itinerarios iconográficos una genealogía identitaria. Una de las principales figuras en estas gestiones es la del gallego Fernando Álvarez de Sotomayor, quien se encontraba en Chile en 1908 a cargo de la Cátedra de Dibujo Natural, Colorido y Composición en la Escuela de Bellas Artes. Desde esta posición, Sotomayor intentaría integrar a la plástica chilena en los cauces del modernismo hispánico, para desplazar el influjo romántico francés persistente en la sociedad nacional o el avance del materialismo angloamericano.

En 1912 sería nombrado Director de la Escuela, cargo que ocuparía hasta 1915, fecha en que retorna a España. En su país de origen, junto con realizar retratos de la corte de Alfonso XIII como pintor oficial del rey, inicia, entre 1915 y 1922, una serie de asuntos regionalistas, con dejos idílicos, forjados bajo los preceptos del Rexurdimento gallego[2]. Entre ellas, Cena gallega (1915) perteneciente a la colección del Museo Nacional de Bellas Artes de Chile. En ella, se esboza la presencia de la figura femenina de la bergantiñana que repetirá en varias ocasiones, como en Camino a la feria (sin información). La versión final de la cena gallega, esta vez titulada como Comida de boda en Bergantiños (1916/1917, colección de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando), habría sido presentada en la Exposición de Arte Gallego de A Coruña ese mismo año y es considerada una de sus producciones más importantes del periodo.

Otras obras similares son Mujer con pañuelo rojo (colección privada, Argentina), Procesión en Segude (colección privada, España), Gallegas (colección privada, España) y Pareja de campesinos (colección Círculo Español, Chile), entre otras. Aunque no hay registros de las imágenes enviadas por Sotomayor a Taranco para la elección de la obra a adquirir, no es de extrañar que el coleccionista escogiera la Bergantiñana, no solo por la popularidad del tema, sino también por el repertorio de las otras obras españolas adquiridas por el empresario, como la propia bailadora de Benlliure o el pastor de Zuloaga –que también había participado en la exposición del Centenario en Chile en 1910 bajo el título Un trovador moderno[3]–, junto a las obras de Francisco Pradilla (1848-1921) o Eliseo Meifrén y Roig (1858-1940), todos ellos modernistas y que forman parte del conjunto de diecinueve obras de su acervo de origen hispano. Además de pintor, Álvarez de Sotomayor es reconocido como un importante agente cultural de su época. En 1919 fue designado subdirector del Museo del Prado y conservador de Pintura, y tres años después ocupa la dirección del museo luego de la muerte de Aureliano de Beruete.

Cargo al que renuncia cuando se proclama la República Española el 14 de abril de 1931. Fue también alcalde de La Coruña hasta 1939, cuando regresa a la dirección del Prado. En este momento también gestiona el retorno de las obras españolas depositadas en Ginebra durante la guerra civil. En este escenario Álvarez de Sotomayor se presenta como una figura compleja, fuertemente criticada por algunos sectores, pero, al mismo tiempo, reconocida por su aporte al desarrollo de las artes. Uno de sus episodios más controversiales es, quizás, el conflicto derivado durante la I Bienal Hispanoamericana de Arte llevada a cabo en Madrid en 1951 que, aunque se presentaba como una alternativa de apertura del régimen franquista, se sostenía bajo el aparataje de diplomacia cultural iniciada entonces por el Instituto de Cultura Hispánica (Cabañas, 1996). La Bienal recibió una fuerte oposición entre los exiliados españoles, generándose un intercambio público de opiniones.

Entre ellas la carta enviada por Álvarez de Sotomayor titulada “¿Quiénes son los locos?” y dirigida a la Sección Psiquiátrica del Colegio de Médicos: Por un lado, los que defendemos la tradición de las artes plásticas con los más elementales cánones de belleza […] y por otro, los que pretenden una rápida liquidación con el pasado y la creación de un arte nuevo […] en el cual quepan todos los mayores absurdos y fealdades, las más inauditas aberraciones y las más divertidas experiencias, a las que ponen titulares de arte surrealista, abstracto, indaliano y cuantos otros puedan irse inventando […] (Sotomayor, 1951). La respuesta del entonces director del Prado no solo se dirigía a la crítica desarrollada por los artistas en el exilio –como la contrabienal iniciada por Picasso, sino también contra la política cultural de Franco, que prestaba especial atención a los movimientos de vanguardia en ese momento –“bolchevizadas”, según sus palabras, en contraposición al tradicionalismo autóctono de su programa estético inicial. Luego de ello y concentrando su labor en la ampliación del Museo del Prado, sin dejar de pintar, Alvarez de Sotomayor fallece finalmente el 17 de marzo de 1960.

Notas:

«[1] Junto con el aviso del pago, por medio de los banqueros, señores E. Sainz e hijos, Taranco solicita al artista que escoja “el marco apropiado”, aunque al mismo tiempo sugiere que sea “dorado, oro viejo, excluyendo estilo “art noveau”. Recomendación que realiza también a otros artistas. Archivo Taranco. [2] Movimiento cultural, literario y político que busca recuperar, durante el siglo XIX e inicios del XX, la cultura y lengua gallega como una reafirmación identitaria y de reivindicación de Galicia. [3] (1910). Catálogo oficial ilustrado. Exposición Internacional de Bellas Artes. Santiago: Imprenta Barcelona, p. 53 y 145.»

Bibliografía:

«(1918). Cartas remitidas por los hermanos Ortiz de Taranco, Tomo 3, 11.6.1917 al 13.11.1923. Acervo familiar Ortiz de Taranco. CABAÑAS, Miguel (1996). Artistas contra Franco. La oposición de los artistas mexicanos y españoles exiliados a las bienales hispanoamericanas de arte. México: Universidad Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Estéticas. ZAMORANO, Pedro et al. (ed.) (2016). Memorias de Fernando Álvarez de Sotomayor. Santiago de Compostela: Ediciones Universidad de Santiago de Compostela, Servicio de Publicaciones e Intercambio Científico.»
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