Al agua
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sobre la obra.
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«La pintura Al Agua representa en primer plano, a dos niños pequeños caminando de la mano en la playa, adentrándose en la orilla, mojándose los pies, un día ventoso y soleado. El niño se encuentra desnudo, salvo por el sombrero que le cubre la cabeza, mientras la niña lleva una solera rosa. Al fondo se visibiliza un par de personas en torno a un bote y más atrás varios veleros, dos de ellos dentro del agua. Si bien el cuadro está firmado y fechado en 1910, forma parte de la serie de óleos con motivos de niños en la playa que el artista realizó entre junio y septiembre de 1909 en la costa de Valencia, su localidad natal. El más destacado es Chicos en la playa, que Sorolla eligió para obsequiar al Museo de Arte Moderno, luego absorbido por el Museo Nacional del Prado de Madrid. Pese a que ese óleo también está fechado en 1910, el Museo del Prado lo ha ubicado en 1909 por considerarlo parte de la serie referida y por el hecho de que la pintura fue reproducida en una publicación de ese año.
Al Agua constituye un testimonio de la cautivación que la costa generó en el pintor valenciano y su deseo de plasmar mediante una técnica de pinceladas ágiles, el impacto del sol sobre los cuerpos, las sombras violáceas en la arena, los destellos de la luz en el agua, los reflejos de las figuras sobre la superficie espejada, y el efecto del viento en el verano mediterráneo.
Un dato no menor es el llamativo marco dorado con pilastras jónicas que Sorolla eligió para el cuadro y que presenta similitudes a los de otras pinturas de la serie (el de Niños en la playa el marco tiene pilastras toscanas). En una de las fotografías que se conserva del taller del artista en Madrid, datada hacia 1912 (y reproducida por José Ortiz de Taranco en su Historia del Palacio Taranco), se ve Al Agua con su marco colgado en una pared junto a otras pinturas del artista.
Tanto por los aspectos formales (visibilidad de las pinceladas, trabajo de descomposición de la luz, búsqueda de la instantaneidad) como temáticos (representación de la playa como espacio público recreativo), Al Agua puede considerarse la obra más moderna de la colección de arte reunida por los Ortiz de Taranco entre 1917 y principios de la década de 1930. El conjunto incluyó unas 40 piezas (entre pinturas, grabados, tapices y esculturas), con obras representativas de las escuelas consagradas del arte europeo de fines del siglo XV a las primeras décadas del XX. Las de firmas españolas representan la mitad del total, e incluyen piezas de artistas entonces en actividad como Sorolla, Zuloaga, Sotomayor y Benlliure.
Félix Ortiz de Taranco adquirió Al Agua al artista por vía epistolar y con intervención de sus intermediarios en Madrid, de la casa Sainz e hijos. En julio de 1918 le escribió a Sorolla, primero a Valencia, y luego a su estudio en Madrid, solicitándole fotografías y precios de una o dos obras. Tras el envío del material, se decidió por Al agua, aceptando el precio de 15.000 pesetas. Entonces Félix Ortiz de Taranco le solicitó al artista un marco apropiado, conviene mejor dorado oro viejo, excluyendo estilo art nouveau. Como se vio, Sorolla ya había enmarcado la obra, siguiendo un gusto afín al del comprador.
Cuando llegó el cuadro desde Madrid, el 5 de marzo de 1919, además del óleo adquirido, Sorolla envió como obsequio, otra pintura, más pequeña, (68 x 54 cm) de una joven sentada (que fue nombrado como La sonrisa) y que incluía una dedicatoria (Al señor D. Félix Ortiz de Taranco, J. Sorolla B), en agradecimiento al rol asumido de difundir el arte español en estas tierras.
Luego de más de dos años de negociación, en enero de 1943 el Estado adquirió el Palacio Taranco. Como parte de la transacción, la familia donó la colección de arte y objetos decorativos, expresando su deseo de que la residencia fuese destinada a centro cultural de modo de mantener la unidad del legado artístico de los Ortiz de Taranco. Así quedó consignado en una carta del 26 de diciembre de 1942, donde la familia expresó que incluiría en la donación el cuadro de Sorolla y el retrato de Benlliure dedicados [
], pero en el caso que las obras de arte tuviesen luego otro destino, la Sucesión desearía poder conservar dichos recuerdos.
En la tasación de la colección de arte de los Ortiz de Taranco, realizada en mayo de 1943 por el director del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), el escultor José Luis Zorrilla de San Martín, Al Agua fue la segunda obra mejor valuada junto al Pastor místico de Ignacio Zuloaga, y solo después de la Danza andaluza del escultor Mariano Benlliure.
Ese año el óleo de Sorolla pasó del vestíbulo en planta alta de la residencia de los Ortiz de Taranco al MNBA, donde se dispuso su exhibición. Una fotografía tomada entonces muestra Al agua en una pequeña sala del museo definida con tabiques junto a otras obras del Palacio Taranco. A su derecha fue ubicado el otro óleo de Sorolla, dedicado a Félix Ortiz de Taranco, La Sonrisa, y junto a ellos los óleos de Francisco Pradilla y Ramón Tusquets. Debajo, dos pequeños cuadros de Salvador Sánchez Barbudo, y a la izquierda, un retrato de José Llaneces y el óleo Campesinos de José María López Mezquita.
Como el Palacio Taranco fue destinado a sede del Ministerio de Instrucción Pública y Previsión Social, y varios muebles y obras de arte asignados a distintos institutos públicos, la sucesión exigió la restitución del óleo obsequiado por Sorolla (que fue luego vendido y enviado al exterior). Por su parte, Al Agua volvió al Palacio Taranco. En 1966, el ministro de Instrucción Pública Juan Pivel Devoto dispuso la mudanza de dicha cartera y el Palacio fue asignado, por decreto, a Museo de Arte Decorativo. Inaugurado en 1972 el nuevo museo fue destinado a exhibir el legado artístico de los Ortiz de Taranco, junto a otras obras de arte europeo pertenecientes al Estado. Allí se encontraron los tres Sorolla que integran el patrimonio público (el de la colección Ortiz de Taranco, el Retrato de Alejandra de Signorini donado en 1943 por el coleccionista Alejandro Casciani, y Cabeza de mujer, donado en 1950 por Luisa Blanco Acevedo de Soca). Al Agua se encuentra en el hall de planta baja, junto al acceso por 25 de mayo, junto a las otras dos obras mejor preciadas de la colección de los dueños de casa: Pastor místico de Zuloaga y la escultura Bailaora de Benlliure.
Ficha razonada por: Carolina Porley»