Retrato de Isabel Álvarez de Navia Pérez de Velasco de Rücker [antes Retrato de I. María de Rucker]
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sobre la obra.
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«En 1862, Baldassare Verazzi se estableció en Montevideo, con taller frente a la Plaza de la Constitución, actual calle Juan Carlos Gómez 1386. Permaneció hasta 1868. Su llegada a la ciudad estuvo antecedida por las disputas ocurridas por la interpretación de su obra, marcada por la política facciosa en Buenos Aires y Entre Ríos. Su creciente aislamiento se originó en los desacuerdos entre los italianos, muchos de ellos próximos a los liberales de Mitre y los antiguos garibaldinos del Sitio de Montevideo, con los que se enfrentó desde 1858. El haber luchado contra las fuerzas de ocupación austríaca en 1848 no parece haber contado demasiado en el Río de la Plata, donde llegó en 1853. Tampoco había logrado encargos del Justo José de Urquiza que rechazó un monumental retrato alegórico y, años antes, había optado por Juan Manuel Blanes para las pinturas de oratorio del Palacio San José por su condición de pintor americano, en lugar del italiano formado en la Academia de Brera más capacitado técnicamente para llevar a cabo el programa de la pintura religiosa por su dominio del fresco. En 1862 también debe haber pesado otro motivo, la sustantiva competencia en la demanda de retratos, con el peso dominante de Prilidiano Pueyrredón en un vasto conjunto de pintores locales y extranjeros. Montevideo era una plaza con menos adversarios pictóricos y políticos, más cuando Juan Manuel Blanes había partido para formarse en Florencia. Esta decisión, sin duda, fue oportuna ya que concretó un conjunto considerable de retratos -muchos de ellos conservados en el MHN- con repetición de fórmulas.
En enero de 1865 (cuando Blanes estaba nuevamente establecido en Montevideo) retornó a Buenos Aires, en el habitual anunció de apertura de taller, en este caso provisorio, se advertía que se sacaba retratos de fotografías (El Nacional, 12.01.1865). Es el caso del retrato de Isabel Álvarez de Navia Pérez que debe haber tenido como modelo una fotografía conservada por sus descendientes (vista en línea). Verazzi modifica la vestimenta y refuerza el carácter religioso del retrato al sumar una cruz al rosario de la devota católica, como laica consagrada, incluso el rostro y cabeza ceñido con el grinon blanco, sobre el cual se observa el velo y la mantilla negra, en la frente una larga tela dividida en dos bandas con ornamentos, como si fuera una estola. La mano que recoge el vestido reproduce el gesto de la fotografía mencionada. La pintura adquiere monumentalidad al ocupar la capa toda la extensión del lado inferior, con la figura levemente echada hacia atrás. Representación de extremo decoro que impacta por la ausencia de recogimiento, con la mirada dirigida al espectador.
Un retrato que llega al límite de lo alegórico, por la presencia subrayada del rosario: se trata de señalar en la feminización decimonónica de la religión, la función principal dedicada a la esposa y madre católica: la oración. El gesto de la única mano visible anuncia el siguiente acto: el arrodillarse para el rezo. La pintura corresponde a una fase de fuerte aumento del establecimiento de órdenes religiosas en Uruguay, educacionales y de servicio de caridad.
Sin duda, la prédica de Isabel tuvo efecto, encontramos a su descendencia en las comisiones de la Liga de Damas Católicas, fundada en 1916.
Isabel, nacida en 1787, era hija menor del general asturiano Joaquín Álvarez Cienfuegos de Navia Falcón (1756-1823) y la oriental María Pérez de Velasco Rodrigues. (Maldonado, 18753-s/d). El padre fue una figura destacada de la tardocolonia, llegado con Pedro de Cevallos para la guerra con los portugueses en 1776. Entre otras posiciones fue oficial en los ejércitos virreinales en Córdoba y San Luis, del regimiento de Voluntarios de caballería de Maldonado y el de milicias de Montevideo, La retratada Isabel de Velasco se casó con el hamburgués Konrad Rücker, el 5 de marzo de 1816, quien había llegado a Montevideo en marzo de 1811, con 26 años. Se estableció como comerciante de ultramar. Tuvieron doce hijos, entre los que destacó Conrado Rücker, (h) como político del Partido Colorado, presidente del Club Libertad a comienzos de los años setenta. Su primogénita Adelina casó con el británico Richard Bannister Hughes Mills, en esta línea de descendientes se conservó el retrato de Isabel ya que la hija de estos enlazó a los Rücker-Hughes con los Arocena, cuya sucesión donó la pintura en 1952. Otras hijas se casaron con inmigrantes ingleses y alemanes, consolidando las relaciones comerciales del padre.
Verazzi también retrato a Conrado Rücker, sedente apoyado el brazo en un escritorio con apertura al cielo, encerrado entre el cortinado y la columna. Datado en 1867, año de su muerte, es probable que se trate de un retrato postumo. Una obra de resolución habitual que no forma pendant con de su mujer, cuya datación es un año anterior. Ambas pertenecen al acervo del MNAV, pero se han separado con el envío del retrato femenino al Palacio Taranco.
Ficha razonada a cargo de Roberto Amigo.
Historiador del arte, investigador y profesor.»